explicaba la terribles persecuciones dadas en la ciudad
de Alejandría.
El
gobernador de Alejandría influenciado por un adivino
que se hacía llamar Divino, ordenó injustas
represalias contra los cristianos y su religión,
ya que según el adivino, ellos atentaban contra
el Imperio y por consiguiente su monarca. Este adivino
azuzó a las turbas paganas provocando muerte y
destrucción a los cristianos que allí vivían.
En
una de esas pesquisas, capturaron a Santa Apolonia y la
sometieron a horribles torturas para que dijera lo que
ellos le ordenaban que eran una serie de improperios y
blasfemias contra Cristo. Al negarse, la turba se enojó
y un despiadado perseguidor cristiano le lanzó
un poderoso golpe a la cara rompiéndole de esta
forma sus dientes que se le cayeron en pedazos. La Santa,
con la cara sangrienta, no escuchó ni obedeció
a sus torturadores y éstos en vista que no conseguirían
nada decidieron amenazarla con una enorme hoguera a las
puertas de la ciudad, proponiéndole que si no rechazaba
a Cristo, sería quemada atada a un palo. Exhausta,
Santa Apolonia, hace suponer que iba pensar lo que se
le proponía y les pide que le desataran las manos
para elevar sus últimas plegarias al cielo. Los
soldados lo hacen y en menos de lo esperado Santa Apolonia
salta por voluntad propia a la hoguera ardiente para evitar
renunciar a su amada religión. Mientras tanto,
la Santa les decía que cuando sufrieran de problemas
y dolencias dentales, invocaran su nombre, pues ella intercedería
ante el Todopoderoso para aliviar sus penas. De esta manera
ofrecía su dolor propio por el de quién
pudiese sufrirlo después.
Los
perseguidores junto al gobernador quedaron atónitos
al ver que a pesar del fuego, las llamas no la consumían
ni le hacían daño alguno, al verlo trataron
incansablemente de golpearla para que muriera, pero la
mano del Altísimo la protegía. Finalmente
fue degollada.
Aún
cuando en la carta se habla de una mujer madura, al ser
representada, su imagen en frescos, pinturas o esculturas,
se representa como una joven y hermosa virgen, que sostiene
en su mano un fórceps con una molar extraída.
Otros artistas la describen con un diente dorado colgado
de su cuello.
A
pesar que la Santa era de oriente, la iglesia occidental
es quien la venera, no así la iglesia de oriente,
ya que interpretan el acto de valentía de Santa
Apolonia como un acto suicida. Pero es San Agustín
quién nos explica años más tarde,
que se trató de un acto invocado por el Espíritu
Santo lo que llevó a esta Santa a comportarse así.
Su
muerte se dio en el año 249, siglo III D.C.(3),
pero no fue sino hasta 50 años después que
la canonizaron. Su día de veneración es
el 9 de Febrero y se le considera la Santa Patrona de
los Odontólogos y de las Enfermedades Dentales.
De allí que sea invocado su nombre cuando hay un
dolor de muelas.
El
servicio de nuestra carrera esta en nuestras manos, pero
el don nos viene de Dios.